Durante toda la Primaria,
sufrí bullying o acoso escolar. Cuando lo
conté, después de varios años de insultos y maltrato incansable, lo primero que
se le venía a la cabeza a la gente era el por qué no lo había dicho antes. No
es fácil hablar de ello. Al principio,
crees que es cuestión de tiempo y que en unos días todo se pasará y volverá a
la normalidad. Pero transcurren unas semanas, unos meses y las cosas empiezan a
empeorar. Lo que antes eran insultos, se vuelven ataques físicos. El miedo te
impide contar nada a nadie y, normalmente, los que antes eran tus amigos desaparecen
y te quedas sin apoyo. Cuando esto ocurre, la
autoestima está bajo mínimos y, llegados a este punto, es probable que no te
puedas valorar positivamente en un futuro.
Cuando me atreví, por
fin, a decir todo lo que pasaba, me sentía como si ser yo no mereciera la pena.
Entonces oí que el teatro ayudaba a quitarte de encima toda la timidez y decidí
apuntarme a la actividad extraescolar. Cuando actué por primera vez delante de
un público, creía que lo había hecho fatal, porque durante años me habían
metido en la cabeza que no sabía hacer nada. Pero cuando ya pasé al instituto y
actué a final de curso con una obra en francés, me di cuenta de que igual sí
que podía hacer algunas cosas bien. Conforme iba pasando de curso, gané confianza
en mí misma y recomiendo alguna actividad de este tipo a cualquiera que haya
sufrido algún tipo de malos tratos.